miércoles, 10 de febrero de 2016

Caída libre

Es impresionante cuantas veces una persona es capaz de intentar llegar a un rol o estatus que, si bien es posible encontrarlo, es una meta que tan difícil de visualizar es que no hay mejor forma de describirlo que diciendo que el enfoque es erróneo. Soy consciente, al menos creo serlo, de los problemas que forman esta situación tan tóxica. Incluso me atrevo a decir que por mi mente pasan las soluciones a tomar.

Entre mis virtudes, sean cuales sean las que tenga, no se encuentra la voluntad. A pesar de que la falta de fuerza de voluntad es un gran problema, no es más que una denominación que hace más llevadero el problema o conjunto de problemas que han llevado mi vida a un caos. Saber nombrarlo ayuda, pero también resta importancia al problema, pues lo conocido da menos miedo que lo desconocido.

A pesar de mi espiral de indeterminación y dejadez nunca he dejado que estas situaciones me destruyan, pero sería mejor no existir que ver como no soy capaz de levantarme ante el primer tropiezo que he tenido desde mi nueva situación. Siempre me he sentido orgulloso de mi capacidad de reaccionar ante las situaciones más adversas. Desde hace dos años ya no puedo decir lo mismo, pues a falta de una tragedia, no he sabido recomponerme de lo más fácil de prevenir: el paso del tiempo.

Una vez acabada la primera etapa de mi vida, superada en mi opinión con sobresaliente, no he sido capaz de fijar un rumbo fijo más que el de caída libre al vacío. No estudio, no trabajo, he empeorado mi físico y dejado de lado unas buenas aficiones. ¿Qué he sacado a cambio? Pues unas amistades y una estabilidad emocional que nunca pensé que tendría, gracias gran parte a una única persona.

Todo este tiempo he sido incapaz de ver lo que había conseguido y por una vez creo que tengo la estabilidad emocional que nunca tuve en mi vida, quizá sea hora de buscar la estabilidad física. Es el momento de empezar lo que un día empecé con mucho esfuerzo y que nunca debió haber terminado, pues el cambio ahora es más difícil, pero llevo unas semanas de altibajos en la cual me aparto del camino en algunas ocasiones, pero siempre vuelvo a él, y todo porque no quiero decepcionar ni a mí mismo ni a mi hermano ni a mi pareja.

Cuantas veces me he repetido que lo voy a conseguir, que puedo cambiar sin darme cuenta que no tengo que cambiar, que tengo que ser yo mismo y lo más importante: debo hacerlo por nadie más que yo mismo. Y cuando fallo no tengo miedo de ocultarlo a las personas, ya no, solo de haberme fallado a mí y así me dispongo a no volverlo a hacer en vez de buscar mentiras y escusas que poner a los demás.

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