sábado, 5 de noviembre de 2016

La maleta

Miro con determinación mi cuarto, sabiendo que es posible que sea la última vez que lo vea. Es un cuarto triste, con poca luz, tiene tres estanterías con libros y está lleno de posters que no dejan ver la pared blanca.

Mi cuarto lo inunda un silencio, un silencio que proviene de mi cama, concretamente de la maleta abierta en él. Cada centímetro de pared es un recuerdo, cada póster es un momento determinado cargado de conversaciones y lugares únicos.

El póster de Doctor Who, puesto a la izquierda de la puerta, calla un regalo furtivo de un amor muy fugaz, él sé pregunta mirando a la maleta el motivo por el que me voy. A su vera, al otro lado de la puerta hay otro póster, son del mismo tamaño, pero este es más joven y menos hablador, es una portada de Birds of Prey, guarda el secreto de mis 18 cumpleaños; él sabe que me voy para huir, por eso no sé atreve a mirar a la maleta.

Un libro sale de la estantería para introducirse a la maleta, sabe que todos los demás les miran, siempre ha sido el mimado, ha sido usado, subrayado y colocados post-it en repetidas ocasiones, sabe que siempre ha sido el favorito. Antes de introducirse en su maleta decide mandarme un mensaje, el libro de Dickens deja caer una fotografía, la fotografía de fotomatón desconoce los motivos de Historia de dos ciudades para hacer esto.

Como respuesta, yo vuelvo a introducir ese congelado momento dentro del libro, miro a la callada maleta, sabiendo que mi libro tiene razón, no debo huir por un beso sin promesa, me queda mucho aquí. La habitación deja de estar en silencio ya.

Hacía mucho que no escribía para mí. Me paso el día haciendo cosas para mi, por mi egoísmo y vagancia, pero no escribir, eso nunca. Seguram...