viernes, 21 de abril de 2017

Poesía desnuda

Siento en mi cuerpo mi propia desnudez. Mi piel es el mayor de los templos, es único, cuidado, maravilloso, sagrado. Aun así, cada centímetro de mí, está inquieto.  El peor juicio, siempre es el de una misma. Mi inquietud no viene por el rechazo a mi cuerpo, eso ya lo superé, viene al miedo. Sé que debo tener una actitud positiva, saber mirarme, saber mimarme. Hace apenas unos meses que tomé la decisión. Tenía que tomar un rumbo mi vida, cogí el camino que consideraba mejor, sin pensar en si era capaz.

Como demasiada gente, sufrí la adolescencia. Definámosla como el paso necesario entre “o empiezo a depilarme, o no podré ir a la piscina” al “si te molesta que tenga pelo, tú y yo no vamos a llevarnos bien”. Todo nace con la chispa del inconformismo, de la rebeldía adolescente aprendemos a cuestionarnos los valores de esta sociedad. Así empecé.

La altura, la edad y el odio fueron creciendo de forma directamente proporcional. Los ejemplos siempre son más claros, primero fue “no puedes jugar al fútbol, eres chica”; luego “por mucho que practiques con un plátano, nunca se lo harás a nadie”; y terminando, no mucho después, en situaciones donde las palabras se pierden en ojos inhumanos, que solo ven, en vez de compañeras, objetos de deseo. ¿Hay algo más repugnante que dejar de ser considerada persona?

Mi templo no es eterno, es fugaz, pero no tendrá que ser remodelado, pues lo cuido como se merece. Mi camino es hacer del mundo un lugar mejor, haciéndome a mí un ejemplo de lo que debe ser. Existe otro tipo de arte dentro de él, un arte simbólico, expresivo y vanguardista. Una de las obras, una de las más difíciles de interpretar, expresa la felicidad en su estado más puro, su fórmula química. La felicidad es un constructo, uno necesario para poder entender nuestra mentalidad.

Existe gente que disfruta viendo como un hombre pone a límite la capacidad de su cuerpo luchando con un animal, otros vemos como agoniza ese toro mientras los demás vitorean. Algo se torció en mi hace tiempo, o quizás se torciese en la sociedad mucho antes. Para mí solo existe un tipo de respuesta, la acción. Y actúo para conseguir mi libertad también.

Todo el mundo puede ver un templo, incluso la mayoría podrá ver el mío, pues no recelo. “¿Por qué exhibes tu cuerpo?” “¿Por qué te haces fotos desnuda?” “Solo lo haces para excitar”. La respuesta es sencilla, si mi cuerpo es mi templo, y en él hay arte, ¿por qué no iba a mostrar y compartir ese arte? Si tú en ello ves excitación, es cosa tuya. Si tú crees que busco calentarte, debes saber que mi piel es fría, igual que la piedra que cimienta. Si crees que te estoy dando permiso para algo olvídalo, la fotografía de un paisaje único no habla de sexo.

¿Cuál fue ese sendero que tomé? Elegí que quería seguir un movimiento social, un dogma, formar parte de una minoría que lucha. Donde llevo una vida de lucha contra todo aquello que considero injusto de la sociedad, con unas ideas políticas formadas pero contrarias a todo lo que me rodea. Denuncio la opresión, lucha a pesar de que lo que me consideres, pues por cada insulto e insinuación que recibo por tonterías como una foto, veo más claro y necesario lo que hago. 

Para Nadia.

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